Mi amiga Kubla

Un día como hoy pero de 1967 es creado el Departamento Técnica Canina, del MININT en Cuba. La Editorial Capitán San Luis comparte en su sección “Un cuento para leer” la obra titulada: MI AMIGA KUBLA; donde la protagonista es una perra pastor alemán. La editorial felicita en su aniversario a todos los miembros de La Canina, que de una forma u otra realizan este maravillo trabajo.

 

MI AMIGA KUBLA
Maylín Carretero

 

Miguel Ángel había ido a pasar las vacaciones a la playa, a casa de su tía Victoria, acompañado de su inseparable amiga Kubla, la preciosa perra pastor alemán que su tío José Alberto le regalara al cumplir él ocho años. Jose, como cariñosamente le decía a su tío –que era investigador y trabajaba con perros– lo había ayudado a entrenarla y enseñarle, según decían sus amigos del barrio, hasta a hablar.

Una noche, Kubla lo llamó desde el patio. Al salir y subirse al muro…

—¡Caramba, Kubla, hay un hombre cavando en el patio de al lado! El muchacho y su perra se movieron sigilosamente por la cerca hasta encontrar un lugar donde podían observar bien sin ser vistos.

—Ahora lo veo bien, es el sobrino de doña Felicita, el que llegó hace poco de Camagüey. ¡Está sacando unas bolsas! Oye, Kubla… se oye como si fueran monedas. Vamos a la casa, le contaremos esto a Jose.

Al otro día…

—¿Qué te parece, tío, no está muy raro todo eso?

—Sí, seguro que sí. Pero no te preocupes, que si hay algo lo sabremos.

—Tío, doña Felicita siempre estuvo ahí sola, yo nunca vi antes a ese sobrino.

—La familia de Felicita abandonó el país hace muchos años y ella se quedó. ¡Ya sabremos la verdad!

Los días pasaron sin más novedades hasta que una madrugada Kubla lo llamó de nuevo. Al asomarse vio al sobrino de doña Felicita que iba rumbo al mar con unas patas de rana bajo el brazo.

—Vamos, Kubla, tenemos que seguirlo. No creo que a estas horas vaya a nadar… ¡Vamos!

Al llegar a la costa el hombre se sentó en unas rocas poco visibles.

—¡Qué raro, Kubla, parece mucho más gordo…! Mira, una luz en el mar se acerca. Anda, el hombre saca una linternita y está haciendo señales… Se está quitando la camisa… ¡Ay, se va a tirar al mar! ¡Cógelo, Kubla!

La perra se abalanzó sobre el hombre derribándolo. Sonaron disparos y la playa se encendió como si fuera de día.

—¡Es mi tío, Kubla! Y tienen a ese tipo rodeado…

Poco después, junto a las rocas…

—Buen trabajo, Miguel Ángel, vas a ser un gran investigador.

—Ustedes sí que son buenos, tío, que cogieron hasta la lancha.

—Y las monedas de oro que se llevaba en un cinturón especial debajo del chaleco salvavidas.

—Entonces Kubla y yo somos investigadores.

—Nos ayudaron a aclarar algunas pistas que ya teníamos. Sin duda lo han hecho bien.

—Y seguiremos ayudando, ¿verdad, Kubla?

—Kubla pone cariñosamente sus gruesas patas delanteras sobre el pecho del teniente José Alberto y ladra alegre.

—Óyela, tío, dice que sí.

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