
Hoy 12 de mayo, se celebra el Día Internacional de la Enfermería, la Editorial Capitán San Luis comparte con ustedes un texto publicado en el libro "Valores humanos. Cubanos de todos los tiempos", dedicado a esos héroes que cada día junto a los médicos hacen lo imposible por salvar vidas, más en estos tiempos que a cada hora nos amenaza la terrible pandemia de la Covid-19, para todos ellos muchas Felicidades.
Valores que traspasan fronteras
Más allá de nuestras fronteras creció la operación Milagro, una muestra solidaria que ha devuelto la visión y la esperanza a millones de personas en América Latina. Este es el caso de una de ellas, Rocío Natallie Lethider Medina, joven venezolana que agradece a los galenos cubanos haber recuperado la vista y las ganas de vivir.
Desde los catorce años Rocío Natallie participaba en los movimientos políticos. Tiene un hablar fluido... Es maestra de nivel primario. Su vida siempre fue muy intensa, hasta el momento en que comenzaron a palidecer sus ojos y los dolores le martillaban las sienes tanto como las preguntas de las personas en la calle sobre las blanquecinas manchas en sus pupilas. No quería mirarse al espejo, ni le era posible maquillarse, también fue perdiendo la libertad de salir sola en las noches. No pudo seguir estudiando. Se cobijó en su mundo, en el que se defendía de la desesperanza con el descreimiento. Operarse en Maturín era una ilusión lejana.
En un principio, hace ya tiempo, necesitaba al menos 1 700 000 bolívares, y con el paso de los meses —más rápido de lo que una puede imaginar—, la cifra ascendió hasta la más reciente de 2 400 000 bolívares. Nunca tuvo, ni tenía ahora, cómo cubrir esa cantidad, ni siquiera pensando en ahorrar la bonificación de fin de año como regalo para sí. Cuando le hablaron de ir a verse con los médicos cubanos lo dudó, pues no deseaba alimentar falsas ilusiones. Pero de súbito, la convencieron. Asistió a la consulta y enseguida viajó a Cuba. De allá regresó recién nacida a la vida.
“Ando más feliz ahora. Estoy estudiando en la Misión Sucre, comenzando todo de nuevo. Ahora sé que además soy sicklémica; un mal que aquí nadie pudo precisar; en Cuba me diagnosticaron con solo unos exámenes. Yo había pasado mucho antes, estaba traumatizada, estuve a punto de perder la vida una vez, cuando tuve los órganos del recto y la vagina afuera durante cinco días y la gobernación tuvo que ir a Caracas a buscar un médico que me atendiera y salvara. También equivocaron el diagnóstico de la vista, me habían asegurado que tenía glaucoma, un mal incurable que no se opera, y ya había perdido la esperanza. Ahora estoy empezando a aprender a vivir con el padecimiento que tengo, y la orientación de los médicos cubanos.
”De Cuba admiro sobre todo su sistema de salud, el humanismo y la sensibilidad de los trabajadores sociales, de los médicos, enfermeras y de todo el personal, que ejercen por vocación y no por dinero. He quedado maravillada con la educación y la salud para el pueblo de Cuba, son grandes logros de ese país que deseamos para el nuestro”.
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