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Para recordar

Para recordar, para recordar siempre están los pequeños detalles, las sorpresas, los nombres que se repiten. Así, nos “Re-cuerda” Sándor González que la belleza está en todos lados. Sándor, quien dejó huella de su talento en los proyectos Desde la soledad y la esperanza y Carrusel de cuentos II, publicados por la Editorial Capitán San Luis,  regala a todos su arte. Para re-cordarlo, usted puede acercarse a su exposición, inaugurada hace unos días en el Miramar Trade Center.

El arte cubano contemporáneo goza de buena salud. Son múltiples sus voces, propuestas creativas, tendencias y públicos. Asimismo, existen numerosos espacios que, de una forma u otra, promueven a diversos artistas y contribuyen a mantener vivo el necesario ambiente cultural del país. Las propuestas artísticas son diversas, y un resumen general del tema requeriría mucho más espacio que este breve artículo. Por eso, he querido centrarme en una exposición en específico, inaugurada recientemente en la Galería Génesis del Edificio Beijing, en el siempre agradable y multifuncional Miramar Trade Center.

La muestra, titulada “Re-cuerda”, es una invitación para la memoria individual y colectiva. El artista, Sándor González Vilar, ha construido para nosotros un mundo de evocaciones en el que la nostalgia y el respeto hacia el pasado juegan un rol importante. Casi todas las piezas son instalaciones u objetos ready-made que se nos muestran desnudos, descubiertos, de manera tal que podemos observar los complejos mecanismos y maquinarias que los mantienen en movimiento. Así vemos antiguos relojes de péndulo, conocidos como relojes de cuco, que han sido rescatados del olvido y restaurados con admirable paciencia por Sándor. Lo mismo sucede con los proyectores de 8 y 16 mm, que han sido devueltos a la vida y que proyectan ahora varios videoartes realizados por el artista sobre una ciudad construida a partir de cintas de cine, a manera de collage. Esta obra, colocada en la entrada de la galería, puede ser vista desde afuera, de modo que en la noche es cuando gana más vida, más luz y protagonismo; lo que resulta aún más llamativo en un edificio tan moderno y simbólico como el Miramar Trade Center. Otro de los curiosos objetos de esta exposición es una bella cajita de música en cuyo interior hay una flor marchita que, al compás del sonido, se mueve como si danzase.

Estamos, sin dudas, ante una exposición diferente, en donde todo se mueve y cambia. Nada es estático y, quizás por eso, estemos ante una muestra que es, a su vez, muchas muestras en una. De día oiremos el canto del cuco y el sonido de los numerosos péndulos que Sándor ha cubierto de llaves, amuletos y objetos personales de su vida. De noche, veremos una ciudad de cintas de cine, animada por las luces de un antiguo proyector. Arte para pensar, sentir y recordar, en una isla como Cuba, siempre cambiante, llena de memorias y ecléctica como esta exposición.

 

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